El hombre rebelde
El hombre rebelde La originalidad de Marx consistÃa en afirmar que la historia, al mismo tiempo que era dialéctica, era economÃa. Hegel, más soberano, afirmaba que era a la vez materia y espÃritu. No podÃa, por lo demás, ser materia sino en la medida en que era espÃritu, y viceversa. Marx negaba el espÃritu como substancia última, y afirmaba el materialismo histórico. Se puede advertir de inmediato, con Berdiaeff, la imposiblidad de conciliar la dialéctica y el materialismo. No puede haber dialéctica fuera del pensamiento. Pero el mismo materialismo es una noción ambigua. Sólo para formar este término, hay que decir ya que existe en el mundo algo más que la materia. A mayor abundamiento, esta crÃtica se aplicará al materialismo histórico. La historia, precisamente, se distingue de la naturaleza en que la transforma por los medios de la voluntad, de la ciencia y de la pasión. Marx no era, pues, un materialista puro, por la razón evidente de que no hay materialismo puro, ni absoluto. Lo era tan poco que reconocÃa que, si las armas hacÃan triunfar la teorÃa, la teorÃa podÃa de igual modo suscitar las armas. La posición de Marx podrÃa llamarse más justamente un determinismo histórico. No negaba el pensamiento, lo suponÃa absolutamente determinado por la realidad exterior. «A mi entender, el movimiento del pensamiento no es más que el reflejo del movimiento real, transportado y traspuesto al cerebro del hombre». Esta definición particularmente grosera no tiene ningún sentido. ¿Cómo y por qué un movimiento exterior puede ser «transportado al cerebro»? Esta dificultad no es nada comparada con la que constituye definir después «la trasposición» de este movimiento. Pero Marx tenÃa la filosofÃa corta de su siglo. Lo que quiere decir puede definirse en otros planos.