El hombre rebelde
El hombre rebelde Poner en la raíz del hombre la determinación económica es resumirlo a sus relaciones sociales. No hay hombre solitario, tal es el descubrimiento indiscutible del siglo XIX. Una deducción arbitraria lleva entonces a decir que el hombre no se siente solitario en la sociedad más que por razones sociales. Si, en efecto, el espíritu solitario debe explicarse por algo que esté fuera del hombre, éste está en el camino de una trascendencia. Lo social, por el contrario, sólo tiene al hombre por autor; si, por añadidura, cabe afirmar que lo social es al mismo tiempo el creador del hombre, se cree tener la explicación total que permite expulsar la trascendencia. El hombre es entonces, como quiere Marx, «autor y actor de su propia historia». La profecía de Marx era revolucionaria porque Marx completaba el movimiento de negación iniciado por la filosofía de la Ilustración. Los jacobinos destruyeron la trascendencia de un dios personal, pero lo sustituyeron por la trascendencia de los principios. La fe fue sustituida en 1789 por la razón. Pero aquella misma razón, en su fijeza, era trascendente. Más radicalmente que Hegel, Marx destruyó la trascendencia de la razón y la precipitó a la historia. Antes de ellos era reguladora, con ellos se hizo conquistadora. Marx fue más lejos que Hegel y aparentó considerarlo como un idealista (cosa que no era, o al menos no lo era más que Marx materialista), en la medida, precisamente, en que el reinado del espíritu restituía en cierto modo un valor superhistórico. El capital reanudó la dialéctica de dominación y servidumbre, pero sustituyó la conciencia de sí por la autonomía económica, el reinado final del Espíritu absoluto por el advenimiento del comunismo. «El ateísmo es el humanismo mediatizado por la supresión de la religión, el comunismo es el humanismo mediatizado por la supresión de la propiedad privada». La alienación religiosa tuvo el mismo origen que la alienación económica. El único modo de acabar con la religión consiste en realizar la libertad absoluta del hombre respecto de sus determinaciones materiales. La revolución se identifica con el ateísmo y el reinado del hombre.