El hombre rebelde
El hombre rebelde Se comprende que ese fatalismo pueda haber sido llevado (como ocurrió con el pensamiento hegeliano) a una especie de quietismo político por marxistas, como Kautsky, para quien estaba tan poco en poder de los proletarios crear la revolución como en poder de los burgueses impedirlo. Hasta Lenin, que debía elegir al contrario el aspecto activista de la doctrina, escribía en 1905, en un estilo de excomunión: «Es un pensamiento reaccionario buscar la salvación de la clase obrera en algo distinto del desarrollo masivo del capitalismo». La naturaleza económica, en Marx, no da saltos, no hay que hacerle correr más de la cuenta. Es completamente falso afirmar que los socialistas reformistas permanecieron fieles a Marx en esto. El fatalismo excluye, por el contrario, todas las reformas, en la medida en que se expondrían a atenuar el aspecto catastrófico de la evolución y, por consiguiente, a retrasar la inevitable salida. La lógica de semejante actitud querría que se aprobase, lo que puede aumentar la miseria obrera. No había que darle nada al obrero, para que un día pudiese tenerlo todo.