El hombre rebelde
El hombre rebelde Finalmente, de la profecÃa de Marx, elevada en adelante contra sus dos principios, la economÃa y la ciencia, no queda más que el anuncio de un acontecimiento a muy largo plazo. El único recurso de los marxistas consiste en decir que los plazos son simplemente más largos y que hay que esperar que el fin lo justifique todo, un dÃa aún invisible. Dicho de otro modo, estamos en el purgatorio y nos prometen que no habrá infierno. El problema que se plantea entonces es de otro orden. Si la lucha de una o dos generaciones a lo largo de una evolución económica necesariamente favorable basta para traer la sociedad sin clases, el sacrificio resulta concebible para el militante: el futuro tiene para él un rostro concreto, el de su nieto, por ejemplo. Pero si el sacrificio de varias generaciones no ha bastado, nos toca abordar ahora un perÃodo infinito de luchas universales mil veces más destructoras, se precisan entonces las certezas de la fe para aceptar morir y dar la muerte. Simplemente, esta fe nueva no está más fundada en la razón pura que las antiguas.