El hombre rebelde
El hombre rebelde La contradicción última de la mayor revolución que la historia ha conocido no es tanto, después de todo, el que aspire a la justicia a través de un cortejo ininterrumpido de injusticias y de violencias. Servidumbre o mistificación, esta desdicha es de todos los tiempos. Su tragedia es la del nihilismo; se confunde con el drama de la inteligencia contemporánea, que aspira a lo universal, acumula las mutilaciones del hombre. La totalidad no es la unidad. El estado de sitio, aun extendido a los lÃmites del mundo, no es la reconciliación. La reivindicación de la ciudad universal no se mantiene en esta revolución si no es rechazando a los dos tercios del mundo y a la herencia prodigiosa de los siglos, negando, en beneficio de la historia, la naturaleza y la belleza, suprimiendo del hombre su fuerza de pasión, de dolor, de dicha, de invención singular, en una palabra su grandeza. Los principios que se dan los hombres acaban por ganar por la mano a sus intenciones más nobles. A fuerza de impugnaciones, de luchas incesantes, de polémicas, de excomuniones, de persecuciones sufridas y devueltas, la ciudad universal de los hombres libres y fraternales deriva poco a poco y cede su sitio al único universo en que la historia y la eficacia pueden en efecto ser erigidas en jueces supremos: el universo del proceso.