El hombre rebelde

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En el universo religioso, además, el verdadero juicio se deja para más tarde; no es necesario que el crimen se castigue sin esperar, y la inocencia sea consagrada. En el nuevo universo, por el contrario, el juicio pronunciado por la historia debe serlo inmediatamente, pues la culpabilidad coincide con el fracaso y el castigo. La historia juzgó a Bujarin, ya que lo ejecutó. La historia proclamó la inocencia de Stalin: se hallaba en la cumbre de su poder. Tito estaba pendiente de proceso, como lo estuvo Trotski, cuya culpabilidad no resultó clara para los filósofos del crimen histórico hasta el momento en que el martillo del asesino se abatió sobre él. Del mismo modo, Tito, de quien no sabemos, nos dicen, si es culpable o no. Ha sido denunciado, pero aún no abatido. Cuando se desplome, su culpabilidad será segura. Por lo demás, la inocencia provisional de Trotski y de Tito dependía y depende en gran parte de la geografía; estaban lejos de la mano secular. Por eso, hay que juzgar sin demora a los que esta mano puede alcanzar. El juicio definitivo de la historia depende de un sinfín de juicios que habrán sido pronunciados hasta entonces y que entonces serán confirmados o invalidados. Se prometen así misteriosas rehabilitaciones para el día en que el tribunal del mundo sea edificado con el mundo mismo. Fulano, a quien se declaró traidor y despreciable, entrará en el Panteón de los hombres ilustres. Mengano seguirá en el infierno histórico. Pero ¿quién juzgará entonces? El hombre mismo, por fin realizado en su joven divinidad. Entre tanto, aquellos que han concebido la profecía, únicos capaces de leer en la historia el sentido que antes han depositado en ella, pronunciarán sentencias, mortales para el culpable, provisionales sólo para el juez. Pero ocurre que los que juzgan, como Rajk, pueden ser juzgados a su vez. ¿Habrá que creer que ya no leía correctamente la historia? En efecto, su derrota y su muerte lo prueban. ¿Quién garantiza, pues, que sus jueces de hoy no serán traidores mañana que se precipitarán desde lo alto de su tribunal a las cuevas de cemento donde agonizan los condenados de la historia? La garantía está en su clarividencia infalible. ¿Quién la prueba? Su éxito permanente. El mundo del proceso es un mundo circular en el que el éxito y la inocencia se autentifican uno a otra, en el que todos los espejos reflejan la misma mistificación.


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