El hombre rebelde
El hombre rebelde HabrÃa asà una gracia histórica[72], cuyo poder es el único en penetrar los designios y que favorece o excomulga al súbdito del Imperio. Para precaverse de sus caprichos, no dispone éste más que de la fe, al menos tal como se define en los Ejercicios espirituales de san Ignacio: «Para no extraviarnos nunca, debemos estar siempre prontos a creer negro lo que yo veo blanco, si la Iglesia jerárquica lo define asû. Esta fe activa en los representantes de la verdad es la única que puede salvar al súbdito de los misteriosos estragos de la historia. Y aún asà no está libre todavÃa del universo del proceso al que está atado, al contrario, por el sentimiento histórico del miedo. Pero sin esta fe, está siempre expuesto, sin haberlo querido y con las mejores intenciones, a convertirse en un criminal objetivo.