El hombre rebelde
El hombre rebelde El principio de la pintura se halla también en una elección. «El genio mismo —escribe Delacroix, reflexionando sobre su arte— no es más que el don de generalizar y de elegir». El pintor aÃsla su tema, primera manera de unificarlo. Los paisajes huyen, desaparecen de la memoria o se destruyen recÃprocamente. Por eso el paisajista o el pintor de bodegones aÃsla en el espacio y en el tiempo lo que normalmente gira con la luz, se pierde en una perspectiva infinita o desaparece bajo el choque de otros valores. El primer acto del paisajista consiste en delimitar su lienzo. Elimina tanto como elige. Del mismo modo, la pintura de tema aÃsla en el tiempo como en el espacio la acción que, normalmente, se pierde en otra acción. El pintor procede entonces a una fijación. Los grandes creadores son los que, como Piero della Francesca, dan la impresión de que la fijación acaba de hacerse, el aparato de proyección acaba de parar en seco. Todos los personajes dan entonces la impresión de que, por el milagro del arte, siguen vivos, cesando, no obstante, de ser perecederos. Mucho tiempo después de su muerte, el filósofo de Rembrandt sigue meditando entre la sombra y la luz sobre la misma interrogación.