El hombre rebelde
El hombre rebelde Pero el que la creación sea necesaria no supone que sea posible. Una época creadora en arte se define por el orden de un estilo aplicado al desorden de un tiempo. Da forma y fórmulas a las pasiones de los contemporáneos. Ya no basta, pues, para un creador, con que repita a madame de La Fayette en un tiempo en que nuestros príncipes taciturnos no disponen ya de ocio para el amor. Hoy día, las pasiones colectivas han superado a las pasiones individuales; siempre es posible dominar, por el arte, el furor del amor. Pero el problema ineluctable consiste también en dominar las pasiones colectivas y la lucha histórica. El objetivo del arte, pese al disgusto de los repetidores, se ha extendido de la psicología a la condición del hombre. Cuando la pasión del tiempo pone en juego al mundo entero, la creación quiere dominar al destino entero. Pero, al mismo tiempo, mantiene frente a la totalidad la afirmación de la unidad. Simplemente, la creación se pone entonces en peligro por sí misma, primero, y por el espíritu de totalidad, después. Crear, hoy día, es crear peligrosamente.