El hombre rebelde
El hombre rebelde La verdadera locura de desmesura muere o crea su propia mesura. No hace morir a los otros para crearse una coartada. En el desgarramiento más extremo halla su lÃmite, en el cual, como Kaliayev, se sacrifica si es preciso. La mesura no es lo contrario de la rebeldÃa. Es la rebeldÃa la que es la mesura, la que la ordena, la defiende y la crea de nuevo a través de la historia y sus desórdenes. El origen mismo de este valor nos garantiza que no puede ser sino desgarrado. La mesura, nacida de la rebeldÃa, no puede vivirse más que por la rebeldÃa. Es un conflicto constante, perpetuamente suscitado y dominado por la inteligencia. No vence ni a lo imposible ni al abismo. Se equilibra con ellos. Hagamos lo que hagamos, la desmesura guardará siempre su sitio en el corazón del hombre, en el lugar de la soledad. Todos llevamos en nosotros nuestros presidios, nuestros crÃmenes y nuestros estragos. Pero nuestra tarea no está en desatarlos a través del mundo; está en combatirlos en nosotros mismos y en los otros. La rebeldÃa, la secular voluntad de no soportar de que hablaba Barrès, hoy dÃa aún, está al principio de este combate. Madre de las formas, fuente de verdadera vida, nos mantiene siempre en pie en el movimiento informe y furioso de la historia.