El hombre rebelde
El hombre rebelde «La obsesión de la cosecha y la indiferencia por la historia —escribe admirablemente René Char— son los dos extremos de mi arco». Si el tiempo de la historia no está hecho con el tiempo de la cosecha, la historia no es en efecto más que una sombra fugaz y cruel en la que el hombre ya no tiene su parte. Quien se da a esta historia no se da a nada y a su vez no es nada. Pero quien se da al tiempo de su vida, a la casa que defiende, a la dignidad de los vivos, éste se da a la tierra y recibe la cosecha que siembra y nutre de nuevo. Para terminar, hacen avanzar la historia aquellos que saben, en el momento querido, rebelarse también contra ella. Esto supone una interminable tensión y la serenidad crispada de que habla el mismo poeta. Pero la verdadera vida está presente en el corazón de este desgarramiento. Es este mismo desgarramiento, el espÃritu que se cierne sobre volcanes de luz, la locura de la equidad, la intransigencia extenuante de la mesura. Lo que suena para nosotros en los confines de esta larga aventura rebelde no son fórmulas de optimismo, que no nos importan en el extremo de nuestra desdicha, sino palabras de ánimo y de inteligencia que, junto al mar, son hasta virtud.