El hombre rebelde
El hombre rebelde La rebeldía metafísica propiamente dicha no aparece en la historia de las ideas, de manera coherente, hasta fines del siglo XVIII. Los tiempos modernos se abren entonces con gran ruido de murallas desplomadas. Pero, a partir de este momento, sus consecuencias se desarrollan de modo ininterrumpido, y no es exagerado pensar que han modelado la historia de nuestro tiempo. ¿Quiere ello decir que la rebeldía metafísica no ha tenido sentido antes de esta fecha? Sus modelos son, sin embargo, muy lejanos, ya que nuestro tiempo se complace en decirse prometeico. Pero ¿lo es realmente?
Las primeras teogonías nos muestran a Prometeo encadenado a una columna, en los confines del mundo, mártir eterno excluido para siempre de un perdón que se niega a solicitar. Esquilo agranda aún la estatura del héroe, lo crea lúcido («Ninguna desdicha caerá sobre mí sin que la haya previsto»), le hace gritar su odio a todos los dioses y, sumiéndolo en un «tormentoso mar de desesperación fatal», lo ofrece para terminar a rayos y relámpagos: «¡Ah!, ¡ved la injusticia que sufro!».