El hombre rebelde
El hombre rebelde Con ello, la rebeldÃa demuestra que es el movimiento mismo de la vida y que no se la puede negar sin renunciar a vivir. Su grito más puro hace levantarse, cada vez, a un ser. Es, pues, amor y fecundidad, o no es nada. La revolución sin honor, la revolución del cálculo que, prefiriendo un hombre abstracto al hombre de carne y hueso, niega al ser tantas veces como sea necesario, pone precisamente el resentimiento en el lugar del amor. Tan pronto como la rebeldÃa, olvidando sus generosos orÃgenes, se deja contaminar por el resentimiento, niega la vida, corre a la destrucción y hace levantarse a la cohorte socarrona de esos pequeños rebeldes, simiente de esclavos, que acaban ofreciéndose, actualmente, en todos los mercados de Europa, para cualquier servidumbre. Ya no es rebeldÃa ni revolución, sino rencor y tiranÃa. Entonces, cuando la revolución, en nombre del poder y la historia, se convierte en esta mecánica asesina y desmesurada, una nueva rebeldÃa se hace sagrada, en nombre de la mesura y de la vida. Nosotros estamos en este extremo. Al término de estas tinieblas es inevitable, sin embargo, una luz que ya adivinamos y sólo tenemos que luchar para que sea. Más allá del nihilismo, todos nosotros, entre las ruinas, preparamos un renacer. Pero pocos lo saben.