El hombre rebelde
El hombre rebelde Volveremos a encontrar más adelante, pero con matices importantes, este tema eterno de la rebeldÃa. Un dios sin recompensa ni castigo, un dios sordo es la única imaginación religiosa de los hombres en rebeldÃa. Pero, mientras que Vigny maldecirá el silencio de la divinidad, Epicuro juzga que, ya que hay que morir, el silencio del hombre prepara mejor a este destino que las palabras divinas. El largo esfuerzo de esta curiosa mente se agota elevando murallas alrededor del hombre, reconstruyendo la ciudadela y ahogando sin compasión el irreprimible grito de la esperanza humana. Entonces, una vez cumplido este repliegue estratégico, sólo entonces, Epicuro, como un dios en medio de los hombres, cantará victoria en un canto que señala bien el carácter defensivo de su rebeldÃa. «He desbaratado tus emboscadas, oh destino, he cerrado todas las vÃas por las que podÃas alcanzarme. No nos dejaremos vencer ni por ti, ni por ninguna fuerza maligna. Y cuando haya sonado la hora de la inevitable partida, nuestro desprecio por quienes se agarran vanamente a la existencia estallará en este hermoso canto: ¡Ah, cuán dignamente hemos vivido!».