El hombre rebelde
El hombre rebelde Este lenguaje nuevo no puede comprenderse sin la noción de un dios personal que empieza a formarse lentamente en la sensibilidad de los contemporáneos de Epicuro y de Lucrecio. Es al dios personal al que la rebeldÃa puede pedir personalmente cuentas. Tan pronto como reina, se levanta ella, en su resolución más feroz, y pronuncia el no definitivo. Con CaÃn, la primera rebeldÃa coincide con el primer crimen. La historia de la rebeldÃa, tal como la vivimos hoy dÃa, es mucho más la de los hijos de CaÃn que la de los discÃpulos de Prometeo. En este sentido, será el Dios del Antiguo Testamento, sobre todo, el que movilizará la energÃa rebelada. Inversamente, hay que someterse al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob cuando se ha terminado, como Pascal, la carrera de la inteligencia en rebeldÃa. El alma que duda más aspira al mayor jansenismo.