El hombre rebelde
El hombre rebelde Desde este punto de vista, el Nuevo Testamento puede considerarse como una tentativa para responder, de antemano, a todos los Caínes del mundo, suavizando la figura de Dios y suscitando un intercesor entre él y el hombre. Cristo ha venido a resolver dos problemas principales, el mal y la muerte, que son precisamente los problemas de los hombres en rebeldía. Su solución ha consistido primero en asumirlos. El dios hombre sufre también, con paciencia. Ni el mal ni la muerte le son en absoluto imputables, ya que es desgarrado y muere. La noche del Gólgota no tiene tanta importancia en la historia de los hombres sino porque en aquellas tinieblas la divinidad, abandonando ostensiblemente sus privilegios tradicionales, vivió hasta el final, incluida la desesperación, la angustia de la muerte. Así se explica el Lama sabactani y la duda horrenda de Cristo agonizante. La agonía sería leve si estuviera sostenida por la esperanza eterna. Para que el dios sea un hombre es preciso que se desespere.