El hombre rebelde
El hombre rebelde Pero a partir del momento en que el cristianismo, al salir de su período triunfal, se ha hallado sometido a la crítica de la razón, en la medida exacta en que se ha negado la divinidad de Cristo, el dolor ha vuelto a ser el destino de los hombres. Jesús frustrado no es sino un inocente más, que los representantes del Dios de Abraham han ajusticiado de modo espectacular. El abismo que separa al amo de los esclavos se abre de nuevo y la rebeldía sigue gritando ante la faz hermética de un Dios celoso. Los pensadores y los artistas libertinos han preparado este nuevo divorcio atacando, con las precauciones usuales, la moral y la divinidad de Cristo. El universo de Callot representa bastante bien este mundo de mendigos alucinantes cuya risa sardónica, primero solapadamente, acabará elevándose hasta el cielo con el Don Juan de Molière. Durante los dos siglos que preparan los disturbios, a la vez revolucionarios y sacrílegos, de finales del siglo XVIII, todo el esfuerzo del pensamiento libertino consistirá en hacer de Cristo un inocente, un necio, para anexionarlo al mundo de los hombres, en lo que tienen de noble y de irrisorio. Así se encontrará allanado el terreno para la gran ofensiva contra un cielo enemigo.