El hombre rebelde
El hombre rebelde El héroe romántico se considera, pues, forzado a cometer el mal, por nostalgia de un bien imposible. Satán se alza contra su creador, porque se ha valido de la fuerza para reducirlo. «Igualado en razón —dice el Satán de Milton—, se ha elevado por encima de sus pares por la fuerza». La violencia divina es asà condenada explÃcitamente. El ser en rebeldÃa se alejará de ese Dios agresor e indigno[5], «cuanto más lejos de él, mejor», y reinará sobre todas las fuerzas hostiles al orden divino. El prÃncipe del mal sólo ha escogido su vÃa porque el bien es una noción definida y utilizada por Dios para los designios injustos. La misma inocencia irrita al Rebelde en la medida en que supone una ceguera de iluso. Este «negro espÃritu del mal a quien irrita la inocencia» suscitará asà una injusticia humana paralela a la injusticia divina. Ya que la violencia se halla en la raÃz de la creación, le contestará una violencia deliberada. El exceso de desesperación acrecienta aún las causas de la desesperación para llevar la rebeldÃa hasta el estado de atonÃa odiosa, que sigue la larga prueba de la injusticia, y en la que desaparece definitivamente la distinción del bien y el mal. El Satán de Vigny
[…] no puede sentir ya el mal ni las buenas obras.
Ni experimenta alegrÃa ante sus propias maldades.