El hombre rebelde
El hombre rebelde Finge razonar, en efecto, como si la inmortalidad no existiera, cuando se ha limitado a decir que la rechazaría aunque existiera. Para protestar contra el mal y la muerte, opta, pues, deliberadamente, por decir que la virtud no existe más que la inmortalidad y por dejar matar a su padre. Acepta a sabiendas su dilema: ser virtuoso e ilógico, o lógico y criminal. Su doble, el diablo, tiene razón cuando le susurra: «Vas a cumplir una acción virtuosa y eso que no crees en la virtud. Esto es lo que te irrita y te atormenta». La pregunta que se hace por fin Iván, la que constituye el verdadero progreso que Dostoyevski hace realizar al espíritu de rebeldía, es la única que nos interesa aquí: ¿Es posible vivir y mantenerse en la rebeldía?