El malentendido
El malentendido Lo sé, has entrado, has dicho: «Hola» y te has sentado sin reconocer nada.
JAN
Me fallaba la memoria. Me han recibido sin abrir la boca. Me han servido la cerveza que he pedido. Me miraban sin verme. Ha sido todo más difícil de lo que me imaginaba.
MARÍA
Bien sabes que no era difícil y que bastaba hablar. En un caso así se dice: «Soy yo», y todo vuelve al orden.
JAN
Ya, pero yo había dejado volar mi fantasía. Me esperaba casi el festín del hijo pródigo y todo se ha reducido a una cerveza a cambio de mi dinero. Estaba emocionado, no he podido hablar.
MARÍA
Hubiera bastado una palabra.
JAN
No me ha salido. Pero, en fin, tampoco hay tanta prisa. He venido aquí a traerles mi fortuna y, si puedo, la felicidad. Cuando me enteré de la muerte de mi padre, comprendí la responsabilidad que tenía contraída con las dos, y estoy aquí para cumplir con mi deber. Pero supongo que regresar al hogar no es tan fácil como se cree, y que lleva su tiempo convertir a un extraño en un hijo.