El malentendido
El malentendido LA MADRE
¡Oh, cuánto lo siento! No quería tomarme libertades, créame. Era un modo de hablar.
JAN
Entiendo. (Pausa.) ¿Puedo subir a mi habitación?
LA MADRE
Vaya usted, señor. Le espera el criado en el pasillo. (JAN la mira. Quiere hablar.) ¿Necesita algo?
JAN (Dudando.)
No, señora. Pero… le agradezco su acogida.
LA MADRE se queda sola. Se sienta, posa las manos en la mesa, y las contempla.
LA MADRE
¿Por qué le habré hablado de mis manos? Claro que, si las hubiera mirado, quizá habría entendido lo que le decía Marta.
