El malentendido
El malentendido Se expresa usted de un modo extraño. Pero me quedaré, si puedo, y si su madre tampoco ve inconveniente.
MARTA
Los deseos de mi madre son menos vehementes que los mÃos, y es natural. Por lo tanto, no tiene los mismos motivos que yo para desear su presencia. No piensa lo suficiente en el mar y en las playas agrestes como para admitir la necesidad de que usted se quede. Ese motivo sólo me sirve a mÃ. Pero, al mismo tiempo, tampoco tiene razones de peso para oponerse, y eso basta para resolver el problema.
JAN
Si no he entendido mal, una de ustedes me admitirá por interés y la otra por indiferencia.
MARTA
¿Qué más puede pedir un viajero?
(Abre la puerta.)
JAN
Al parecer debo alegrarme. Pero supongo que comprenderá que todo aquà me resulte raro, el lenguaje y las personas. Esta casa es extraña.
MARTA
Quizá lo único que ocurre es que se comporta usted de una forma extraña.
(Sale.)
JAN (Mirando hacia la puerta.)
