El malentendido
El malentendido Pues no, no pienso en nada, y menos aún en rebelarme. Esto es el castigo, Marta, y supongo que llega un momento en que a todos los asesinos les pasa lo mismo que a mí, que se quedan vacíos por dentro, estériles, sin futuro posible. Por eso los ejecutan, porque no sirven para nada.
MARTA
Utiliza usted un lenguaje que desprecio. No soporto oírla hablar de crímenes y de castigos.
LA MADRE
Digo lo que me viene a los labios, nada más. ¡Ah!, he perdido la libertad, ¡empieza el infierno!
MARTA (Se acerca a ella, y con violencia.)
No decía usted eso antes. Durante todos estos años ha estado siempre a mi lado sosteniendo con mano firme las piernas de los que iban a morir. Entonces no se paraba a pensar en la libertad y en el infierno. Y continuó haciendo lo mismo. ¿Por qué ha de cambiar eso su hijo?
LA MADRE