El malentendido
El malentendido Es cierto, continué haciéndolo. Pero por costumbre, como una muerta. Bastaba el dolor para transformarlo todo. Eso es lo que mi hijo ha venido a cambiar. (MARTA hace ademán de hablar.) Ya sé que resulta extraño, Marta. ¿Qué significa el dolor para una criminal? Pero, como ves, no es un auténtico dolor de madre: todavía no he gritado. Es sólo el sufrimiento que produce renacer al amor, y sin embargo me rebasa. También sé que tampoco existe razón para ese sufrimiento. (Cambiando de tono.) Pero el mundo tampoco es razonable; y bien puedo decirlo yo, que lo he vivido todo, desde la creación hasta la destrucción.
(Se dirige decidida hacia la puerta, pero MARTA la adelanta y se planta ante la entrada.)
MARTA
No, madre, no me abandonará. No olvide que yo me quedé y que él se marchó, que me ha tenido usted a su lado toda una vida y que él guardó silencio desde que se fue. Eso se paga. Debe tener eso en cuenta. Y conmigo es con quien ha de quedarse.
LA MADRE (Con dulzura.)
Es cierto, Marta, ¡pero a él lo he matado!
(MARTA se ha vuelto un poco hacia atrás, como si mirara hacia la puerta.)
MARTA (Tras un silencio, con creciente vehemencia.)