El primer hombre
El primer hombre —Es Ernest —dijo su madre—. Ve a abrirle. Ahora cierro, es por los bandidos.
En el umbral de la puerta, al descubrir a Jacques, Ernest lanzaba una exclamación de sorpresa, algo parecido al how inglés, y enderezando la cintura lo besaba. A pesar del pelo totalmente blanco, su rostro, todavÃa regular y armonioso, seguÃa conservando una juventud asombrosa. Pero las piernas torcidas se habÃan arqueado aún más, tenÃa la espalda completamente encorvada y caminaba apartando los brazos y las piernas.
—¿Estás bien? —le dice Jacques.