El primer hombre

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La escuela quedaba en una parte relativamente nueva de ese viejo barrio, entre casas de una o dos plantas construidas poco después de la guerra del 70 y unos almacenes más recientes que habían terminado por unir la calle principal del barrio, la de Jacques, con la parte trasera del puerto de Argel, donde estaban los muelles del carbón. Jacques iba andando, dos veces por día, a esa escuela que había empezado a frecuentar a los cuatro años en la sección maternal, periodo del que no conservaba recuerdo alguno, salvo el de un lavabo de piedra oscura que ocupaba todo el fondo del patio cubierto donde aterrizó un día de cabeza, para levantarse bañado de sangre, la arcada superciliar abierta, entre las maestras enloquecidas, y fue así como trabó conocimiento con los puntos que apenas acaban de quitarle, a decir verdad, cuando hubo que ponérselos en la otra arcada, pues en la casa a su hermano se le había ocurrido encajarle hasta los ojos un viejo bombín y enfundarlo en un viejo abrigo que le trababa la marcha, de modo que dio con la cabeza contra uno de los morrillos despegado de las baldosas, y nuevamente en sangre. Pero ya iba a la maternal con Pierre, casi un año mayor que él, que vivía en una calle cercana con su madre también viuda de guerra, empleada de Correos, y dos de sus tíos, que trabajaban en el ferrocarril. Sus respectivas familias eran vagamente amigas, o como se es en esos barrios, es decir, que se estimaban sin visitarse casi nunca y estaban decididos a ayudarse entre sí sin tener jamás ocasión de hacerlo. Sólo los niños se hicieron verdaderos amigos después de aquel primer día en que los dos, Jacques todavía con delantal y confiado a Pierre, consciente de sus pantalones y de su deber de hermano mayor, comenzaron la escuela maternal. Después habían recorrido juntos la sucesión de aulas hasta la última de primaria, a la que Jacques entró a los nueve años. Durante cinco años hicieron cuatro veces el mismo trayecto, uno rubio, el otro moreno, uno plácido, el otro inquieto, pero hermanos por origen y destino, buenos alumnos los dos y al mismo tiempo jugadores infatigables.


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