El primer hombre
El primer hombre —Tiene usted razón en hacerle aprender tempranamente el catecismo. En tres años estará perfectamente preparado para el gran dÃa.
—No —dijo la abuela secamente—. Tiene que hacerla en seguida.
—¿En seguida? Las comuniones serán dentro de un mes y no puede presentarse al altar sin, por lo menos, dos años de catecismo.
La abuela explicó la situación. Pero el cura no estaba nada convencido de que fuera imposible hacer frente a los estudios secundarios y a la instrucción religiosa. Con paciencia y bondad, invocaba su experiencia, daba ejemplos… La abuela se puso de pie.
—En ese caso, no hará la primera comunión. Ven, Jacques —y se iba ya con el niño hacia la salida.
Pero el cura se precipitó tras ellos.
—Espere, señora, espere —y suavemente la llevó de vuelta a su lugar, trató de persuadirla.
La abuela sacudÃa la cabeza como una vieja mula obstinada.
—O la hace en seguida o no la hace.
Finalmente el cura cedió. Quedó convenido que, tras recibir una instrucción religiosa acelerada, Jacques comulgarÃa un mes más tarde. Y el cura, meneando la cabeza, los acompañó hasta la puerta, donde acarició la mejilla del niño.