El primer hombre
El primer hombre —Escucha bien lo que te digan —dijo. Y lo miraba con una suerte de tristeza.
Jacques acumuló, pues, las lecciones suplementarias del señor Germain y los cursos de catecismo de los jueves y sábados por la noche. Los exámenes de la beca y la primera comunión se acercaban al mismo tiempo, y sus jornadas estaban sobrecargadas, sin dejar espacio para los juegos, incluido sobre todo los domingos, en que, cuando podÃa soltar sus cuadernos, la abuela le encomendaba tareas domésticas y recados, invocando los futuros sacrificios de la familia para que él recibiera educación y la larga sucesión de años en que no harÃa nada más por la casa.
—Pero —dijo Jacques—, tal vez me vaya mal. El examen es difÃcil.
Y en cierto modo, llegaba a desearlo, por parecer ya demasiado gravoso para su joven orgullo el peso de esos sacrificios que constantemente le mencionaban. La abuela lo miraba desconcertada. No habÃa pensado en esa eventualidad. Después se encogÃa de hombros y sin cuidarse de la contradicción:
—Lo harás —dijo—. O te calentaré las nalgas.