El primer hombre
El primer hombre La catequesis estaba a cargo del segundo cura de la parroquia, alto y hasta interminable en su larga sotana negra, seco, la nariz como pico de águila y las mejillas hundidas, tan duro como suave y bueno era el viejo cura. Su método de enseñanza era el aprendizaje de memoria, quizás el único que se adaptaba verdaderamente a la gente menuda, rústica y porfiada cuya formación espiritual tenÃa encomendada. HabÃa que aprender las preguntas y respuestas de memoria: «¿Quién es Dios…?».{111} Esas palabras no significaban absolutamente nada para los jóvenes catecúmenos, y Jacques, que tenÃa una memoria excelente, las recitaba imperturbable sin comprenderlas jamás. Cuando otro niño repetÃa, él fantaseaba, papaba moscas, hacÃa muecas con sus compañeros. Un dÃa el cura alto sorprendió una de esas muecas, y creyendo que le estaban dirigidas, consideró oportuno hacer respetar el carácter sagrado de que estaba investido, llamó a Jacques delante de toda la asamblea infantil y allÃ, con su larga mano huesuda, sin más explicación, le dio una soberana bofetada. Jacques estuvo a punto de caer bajo la fuerza del golpe.
—Y ahora vuelve a tu lugar —dijo el cura.