El primer hombre
El primer hombre —¿Qué te pasa? —dijo la abuela.
—No sé, no sé. —Y la abuela, exasperada, le dio una bofetada.
—Ahora sabrás por qué lloras.
Pero en realidad él lo sabÃa, viendo a su madre, que por encima de la mesa lo miraba con una sonrisita triste.
—Todo ha salido bien —dijo el señor Bernard—. Bueno, ahora a estudiar.
Unos dÃas más de trabajo duro y las últimas lecciones las recibieron en casa del propio maestro [¿describir el apartamento?], y una mañana, en la parada del tranvÃa, cerca de la casa de Jacques, los cuatro alumnos provistos de carpeta, regla y pluma, rodearon al señor Germain, mientras Jacques veÃa a su madre y su abuela, asomadas al balcón de su casa y haciéndoles grandes gestos.