El primer hombre
El primer hombre SÃ, los leerÃan varias veces, obedecerÃan al maestro, que lo sabÃa todo y a cuyo lado la vida no ofrecÃa obstáculos, bastaba con dejarse guiar por él. En ese momento se oyó una algarabÃa junto a la puerta pequeña. Los sesenta alumnos reunidos se encaminaron hacia allÃ. Un bedel habÃa abierto la puerta y leÃa una lista. El nombre de Jacques fue uno de los primeros que se pronunciaron. De la mano de su maestro, vaciló.
—Anda, hijo mÃo —dijo el señor Bernard.
Jacques, temblando, se acercó a la puerta y en el momento de franquearla, se volvió hacia su maestro. Allà estaba, alto, sólido, sonreÃa tranquilamente a Jacques y meneaba la cabeza afirmativamente.
A mediodÃa, el maestro los esperaba a la salida. Le mostraron sus borradores. Sólo Santiago se habÃa equivocado al resolver el problema.
—Tu redacción es muy buena —le dijo brevemente a Jacques.
A la una volvió a acompañarlos. A las cuatro todavÃa estaba allà examinando sus trabajos. La puerta se abrió y el bedel leyó de nuevo una lista mucho más corta que, esta vez, era la de los elegidos. En el bullicio, Jacques no oyó su nombre. Pero recibió una alegre palmada en la nuca y oyó que el señor Bernard le decÃa:
—Bravo, mosquito. Has aprobado.