El primer hombre
El primer hombre —Siempre hay guerra —dijo Veillard—. Pero uno se acostumbra en seguida a la paz. Y termina por creer que es normal. No, lo normal es la guerra.
—Los hombres están locos —dijo Tamzal mientras recibÃa una bandeja de té de manos de una mujer que, en la otra habitación, volvÃa la cabeza.{116}
Bebieron el té hirviendo, dieron las gracias y regresaron al camino recalentado que atravesaba las viñas.
—Me vuelvo a Solferino en taxi —dijo Jacques—. El doctor me ha invitado a almorzar.
—A mà también me ha invitado. Espere. Voy a buscar provisiones.