El primer hombre
El primer hombre una puerta sobre la cual se leía: CANTINA AGRÍCOLA MME. JACQUES. Por debajo de la puerta se filtraba la luz. El hombre detuvo su caballo muy cerca de la puerta y, sin bajarse, llamó. Una voz sonora y resuelta inquirió al momento desde dentro:
—¿Qué pasa?
—Soy el nuevo gerente de la finca de Saint-Apôtre. Mi mujer está a punto de dar a luz. Necesito ayuda.
Nadie contestó. Al cabo de un momento se descorrieron los cerrojos, se deslizaron la barras de hierro empujadas por alguien y se entreabrió la puerta. Apareció la cabeza negra y rizada de una europea de mejillas redondas y nariz un poco chata sobre unos labios gruesos.
—Me llamo Henri Cormery. ¿Puede usted atender a mi mujer? Yo voy a buscar al médico.
La mujer lo miraba fijamente con ojos acostumbrados a sopesar a los hombres y la adversidad. El sostuvo la mirada con firmeza, pero sin añadir una palabra de explicación.
—Allá voy —dijo ella—. Dése prisa.