El primer hombre

El primer hombre

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Otro día el profesor de letras, que había distribuido entre los alumnos un impreso relativo a una cuestión de organización interna, les pidió que lo devolvieran firmado por sus padres. El impreso, que enumeraba todo lo que los alumnos no podían llevar al liceo, desde armas hasta revistas ilustradas pasando por juegos de naipes, estaba redactado de manera tan rebuscada que Jacques tuvo que resumirlo en términos sencillos a su madre y a su abuela. Su madre era la única capaz de trazar al pie del impreso una grosera firma.{125} Como desde la muerte de su marido debía cobrar(126) cada trimestre su pensión de viuda de guerra, y la Administración, en este caso el Tesoro —Catherine Cormery decía simplemente que iba al Tesoro, que era para ella un nombre propio, vacío de sentido y que en los niños, por el contrario, evocaba un lugar mítico de recursos inagotables de los que su madre tenía derecho a recibir, de vez en cuando, pequeñas cantidades de dinero—, le pedía cada vez una firma, después de las primeras dificultades, un vecino (?) le había enseñado a copiar un modelo de firma Vda. Camus,[127] que trazaba más mal que bien pero que era aceptada. Sin embargo, a la mañana siguiente, Jacques advirtió que su madre, que se había marchado mucho antes que él para limpiar una tienda que abría temprano, había olvidado firmar el impreso. Su abuela no sabía firmar; hacía las cuentas aplicando un sistema de círculos que, según estuvieran cruzados una o dos veces, representaban la unidad, la decena o la centena. Jacques tuvo que llevar el impreso sin firma, dijo que su madre se había olvidado, le preguntaron si no había en su casa quién pudiera firmar, contestó que no y descubrió, por el aire de sorpresa del profesor, que el caso era menos frecuente de lo que hasta entonces creyera.


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