El primer hombre

El primer hombre

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A decir verdad, Jacques no se sentía nada valiente. Pero puesto que así lo juzgaban, no podía retroceder, y allí fue esa primera noche. Había que bajar la escalera a tientas, en la oscuridad, después doblar a la izquierda en el corredor siempre oscuro, encontrar la puerta del patio y abrirla. La noche era menos oscura que el pasillo. Se adivinaban los cuatro peldaños resbaladizos y verdes de moho que bajaban al patio. A la derecha, las persianas del pequeño pabellón, donde vivía la familia del peluquero y la familia árabe, dejaban pasar una luz avara. Enfrente se distinguían las manchas blanquecinas{144} de los animales dormidos en tierra o encaramados en los palos cubiertos de excrementos. Al llegar al gallinero, que se tambaleaba apenas lo tocaban, en cuclillas y con los dedos metidos en las gruesas mallas de la alambrada, por encima de su cabeza empezaba a oírse un cacareo sordo y a percibirse el olor tibio y repugnante de las deyecciones. Jacques abría la puertecita al ras del suelo, se agachaba para deslizar por ella la mano y el brazo, tocaba con asco la tierra o un palo sucio y retiraba rápidamente la mano, lleno de miedo apenas estallaba la algarabía de alas y de patas de los animales, que revoloteaban o corrían por todas partes. Pero había que decidirse, puesto que lo consideraban el más valiente. Sin embargo, aquella agitación de las aves en la oscuridad, en el rincón de sombra y suciedad, lo colmaba de una angustia que le revolvía el estómago. Esperaba, miraba la noche límpida por encima de su cabeza, el cielo lleno de estrellas nítidas y tranquilas y se echaba hacia adelante, atrapaba la primera pata al alcance de su mano, arrastraba al animal lleno de gritos y de miedo hasta la puertecita, atrapaba la segunda pata con la otra mano y lo sacaba con violencia, arrancándole ya una parte de las plumas contra las jambas de la puerta, mientras todo el gallinero se llenaba de cacareos agudos y enloquecidos y el viejo árabe aparecía, vigilante, en un rectángulo de luz que súbitamente se recortaba en la oscuridad.


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