El primer hombre
El primer hombre El jueves{153} era también el día en que Jacques y Pierre iban a la biblioteca municipal. Jacques siempre había devorado los libros que caían en sus manos y los tragaba con la misma avidez que ponía en vivir, en jugar o en soñar. Pero la lectura le permitía escapar a un universo inocente cuya riqueza y pobreza eran igualmente interesantes por ser perfectamente irreales. L'Intrépide, los gruesos álbumes de revistas ilustradas que él y sus compañeros se pasaban unos a otros hasta que la cubierta de cartoné se ponía gris y áspera y las páginas rotas y con las puntas dobladas, primero lo transportaron a un universo cómico o heroico que satisfacía en él una doble sed esencial, la sed de la alegría y la del coraje. El gusto por lo heroico y lo gallardo era sin duda muy fuerte en los dos muchachos, a juzgar por el consumo increíble de novelas de capa y espada, y la facilidad con que mezclaban los personajes de Pardaillan con su vida de todos los días. Su gran autor era, en efecto, Michel Zévaco, y el Renacimiento, sobre todo el italiano, con los colores de la daga y el veneno, en medio de los palacios romanos y florentinos y de los fastos reales o pontificios, era el reino preferido de aquellos dos aristócratas que a veces, en la calle amarilla y polvorienta donde vivía Pierre, se lanzaban desafíos desenvainando largas reglas barnizadas de [ ]{155} En aquel momento no podían encontrar otros libros, por la sencilla razón de que eran pocas las personas que leían en aquel barrio y ellos mismos no podían comprar, más que de vez en cuando, los libros populares que dormían en la librería.