El primer hombre
El primer hombre —Sà —decÃa Jacques sin levantar la cabeza.
Catherine Cormery se inclinaba por encima de su hombro. Miraba el doble rectángulo bajo la luz, la ordenación regular de las lÃneas; también ella respiraba el olor y a veces pasaba por la página sus dedos entumecidos y arrugados por el agua del lavado como si tratara de conocer mejor lo que era un libro, de acercarse un poco más a esos signos misteriosos, incomprensibles para ella, pero en los que su hijo encontraba, con tanta frecuencia y durante horas, una vida que le era desconocida y de la que volvÃa con una mirada que posaba en ella como si fuera una extranjera. La mano deformada acariciaba suavemente la cabeza del chico, que no reaccionaba, Catherine Cormery suspiraba e iba a sentarse, lejos de él.
—Jacques, ve a acostarte.
La abuela repetÃa la orden.
—Mañana llegarás tarde.
Jacques se levantaba, preparaba su cartera para las clases del dÃa siguiente, sin soltar el libro que sujetaba bajo el brazo, y como un borracho, se dormÃa pesadamente, después de deslizar el libro debajo de la almohada.