El primer hombre
El primer hombre AdmitÃa que, con vistas a un beneficio mayor, durante algunos años su nieto no llevara dinero a casa. Pero desde el primer dÃa empezó a dar vueltas al asunto de esos tres meses perdidos, y cuando Jacques entró en tercero, consideró que habÃa llegado el momento de buscarle un empleo para las vacaciones.
—Este verano trabajarás —le dijo al final del año escolar—, para traer un poco de dinero a casa. No puedes quedarte asà sin hacer nada.{170}
En realidad, Jacques pensaba que tenÃa mucho que hacer entre los baños en el mar, las expediciones a Kouba, el deporte, el vagabundeo por las calles de Belcourt y las lecturas de las revistas ilustradas, de las novelas populares, del almanaque Vermot y del inagotable catálogo de la Manufactura de Armas de Saint-Étienne.{171} Sin contar los recados y los trabajitos que le encomendaba su abuela. Pero para ella todo eso era precisamente no hacer nada, puesto que el niño no ganaba dinero y tampoco estudiaba como durante el año escolar, y esa situación gratuita brillaba para ella con todos los fulgores del infierno. Lo más sencillo era, pues, buscarle un trabajo.