El primer hombre
El primer hombre —Qué lástima, siendo inteligente. Pero uno puede llegar también a tener un buen empleo en el comercio.
El buen empleo empezaba modestamente, es cierto. Jacques ganarÃa ciento cincuenta francos al mes por ocho horas de presencia cotidiana. PodÃa empezar al dÃa siguiente.
—Ya ves —dijo la abuela—. Nos ha creÃdo.
—Pero cuando me vaya, ¿cómo explicárselo?
—Déjame hacer.
—Bueno —dijo el niño, resignado.
Miraba el cielo por encima de sus cabezas y pensaba en el olor a hierro, en la oficina llena de sombras, en que tendrÃa que levantarse temprano y en las vacaciones, que, apenas empezadas, habÃan terminado.
Durante dos años Jacques trabajó todo el verano. En la quincallerÃa primero, después en una agencia marÃtima. Cada vez veÃa llegar con temor el 15 de septiembre, fecha en la que debÃa anunciar que dejaba el empleo.{173}