El primer hombre
El primer hombre —No se puede estar sin hacer nada —decÃa la abuela. Justamente, en esa oficina era donde Jacques tenÃa la impresión de no hacer nada. No rechazaba el trabajo, aunque para él nada pudiera sustituir el mar o los juegos de Kouba. Pero el verdadero trabajo para él era el de la tonelerÃa, por ejemplo, un largo esfuerzo muscular, una serie de gestos diestros y precisos, manos duras y ligeras, y el resultado de los esfuerzos se veÃan: un barril nuevo, bien terminado, sin una fisura, y que el obrero podÃa contemplar.