El primer hombre
El primer hombre —Conocà a un hombre —agregó— que después de haber vivido treinta años con su mujer —Cormery aguzó la atención. Cada vez que Malan empezaba diciendo «conocà a un hombre que… o un amigo… o un inglés que viajaba conmigo…», uno podÃa estar seguro de que hablaba de sà mismo—…, a quien no le gustaban los pasteles y su mujer tampoco los comÃa. Pues bien, al cabo de veinte años de vida en común, sorprendió a su mujer en la pastelerÃa y se enteró, observándola, de que iba varias veces por semana a atracarse de pastelitos de crema de café. SÃ, él creÃa que a ella no le gustaban las cosas dulces y en realidad adoraba los pastelitos de crema de café.
—En una palabra —dijo Cormery—, que no conocemos a nadie.
—Si usted quiere decirlo asÃ. Pero quizá serÃa más justo, me parece, o en todo caso creo que preferirÃa decir, cárguelo en la cuenta de mi imposibilidad de afirmar nada, sÃ, bastarÃa decir que si veinte años de vida en común no son suficientes para conocer a una persona, una encuesta forzosamente superficial, cuarenta años después de la muerte de un hombre, es posible que sólo le proporcione informaciones de valor limitado, sÃ, puede decirse limitado, sobre ese hombre. Aunque, en otro sentido…
Alzó, armada de un cuchillo, una mano fatalista que cayó sobre el queso de cabra.