El primer hombre
El primer hombre —Seguramente. Pero incluso los más dotados necesitan un iniciador. La persona que la vida pone un dÃa en su camino, ésa ha de ser por siempre amada y respetada, aunque no sea responsable. ¡En eso creo!
—SÃ, sà —dijo Malan con aire meloso.
—Usted lo duda, ya sé. Pero no crea que el afecto que le tengo es ciego. Sus defectos son grandes, grandÃsimos. Por lo menos para mÃ.
Malan se lamió los gruesos labios y se mostró repentinamente interesado.
—¿Cuáles?
—Por ejemplo, es usted, digamos, económico. Pero no por avaricia, sino por pánico, por miedo de que le falte, etcétera. De cualquier modo, es un gran defecto y en general no me gusta. Pero, sobre todo, usted no puede dejar de suponer en los demás segundas intenciones. Instintivamente, no puede creer en sentimientos totalmente desinteresados.
—Confiese —dijo Malan apurando el vino— que no deberÃa tomar café. Y sin embargo…
Pero Cormery no perdÃa la calma.{18}
—Estoy seguro por ejemplo de que no me creerá si le digo que bastarÃa con que usted me lo pidiese para que le entregara de inmediato todo lo que poseo.
Malan vaciló y esta vez miró a su amigo.
—Oh, lo sé. Usted es generoso.