El primer hombre
El primer hombre —¿Qué edad tenÃa su hermana?
—No sé.
—¿Y sus hermanos? ¿Era el más pequeño?
—No. El segundo.
—Pero entonces sus hermanos eran demasiado niños para ocuparse de él.
—SÃ. Claro.
—Entonces no era culpa de ellos.
—SÃ, él estaba resentido. Después del orfanato, a los dieciséis años, volvió a la finca de su hermana. Le hacÃan trabajar demasiado. Era demasiado.
—Vino a Cheraga.
—SÃ. A nuestra casa.
—¿Allà lo conociste?
—SÃ.
Ella volvió de nuevo la cabeza hacia la calle, y Jacques se sintió incapaz de seguir por ese camino. Pero ella misma tomó otra dirección.
—No sabÃa leer, comprendes. En el orfanato no les enseñaban nada.
—Pero tú me has mostrado las tarjetas postales que te mandaba durante la guerra.
—SÃ, aprendió con el señor Classiault.
—En la casa Ricome.
—SÃ. El señor Classiault era el jefe. Le enseñó a leer y a escribir.
—¿A qué edad?