El primer hombre
El primer hombre —Tal vez. Pero está mal. Un hombre no hace eso. Levesque dijo que para ellos, en ciertas circunstancias, un hombre debe permitirse todo y [destruirlo todo]. Entonces Cormery gritó, como en un arrebato de locura furiosa:
—No, un hombre se contiene. Eso es un hombre, y si no… —Y después se calmó—. Yo —agregó con voz sorda— soy pobre, salgo del orfanato, me ponen este uniforme, me arrastran a la guerra, pero me contengo.
—Hay franceses que no se contienen —[dijo] Levesque.
—Entonces ellos tampoco son hombres.
Y de pronto gritó:
—¡Raza inmunda! ¡Qué raza! Todos, todos… —Y entró en su tienda, pálido como un muerto.