El primer hombre
El primer hombre —¿Qué ha dicho? —preguntó Lucie.
—Henri ha muerto. Lo mataron.
Lucie miraba el pliego sin abrirlo, ni ella ni su madre sabÃan leer, le daba vueltas sin decir una palabra, sin una lágrima, incapaz de imaginar esa muerte tan lejana en el fondo de una noche desconocida. Y después guardó el pliego en el bolsillo del mandil de cocina, pasó delante del niño sin mirarlo y entró en el cuarto que compartÃa con sus dos hijos, cerró la puerta y las persianas de la ventana que daba al patio y se tendió en la cama, donde permaneció muda y sin lágrimas durante largas horas, apretando en el bolsillo el pliego que no podÃa leer y mirando en la oscuridad la desgracia que no entendÃa.{48}
—Mamá —dijo Jacques.
Ella seguÃa mirando la calle con la misma expresión y no lo oÃa. Jacques le tocó el brazo flaco y arrugado y ella se volvió hacia él sonriendo.
—Las postales de papá, ¿sabes?, las del hospital.
—SÃ.
—¿Las recibiste después de la visita del alcalde?
—SÃ.