El primer hombre
El primer hombre Su madre nunca iba a esas sesiones. Tampoco sabía leer, pero además era medio sorda. Para colmo, su vocabulario era aún más limitado que el de la abuela. Aún hoy, no había diversiones en su vida. En cuarenta años había ido dos o tres veces al cine, sin entender nada, y, por no ser descortés con las personas que la habían invitado, sólo dijo que los vestidos eran bonitos o que el de bigote tenía cara de ser muy malo. Tampoco podía escuchar la radio. Y en cuanto a los periódicos, a veces hojeaba los ilustrados, se hacía explicar las figuras por sus hijos o sus nietas, decía que la reina de Inglaterra era triste y cerraba la revista para mirar de nuevo por la misma ventana el movimiento de la misma calle que contemplaría durante la mitad de su vida.{62}