El verano
El verano Si le hago caso a cierto amigo mío, un hombre tiene siempre dos caracteres: el suyo y el que le presta su mujer. Sustituyamos mujer por sociedad y comprenderemos cómo una fórmula unida por un escritor a todo el contexto de cierta sensibilidad puede ser aislada por el comentario que se hace de ella y presentada a su autor cada vez que él desea hablar de otra cosa. La palabra es como el acto: «¿Ha dado usted a luz a este niño? —Sí. —Entonces es hijo suyo. —¡No es tan sencillo. No es tan sencillo!». Así, Nerval, por culpa de una desgraciada noche, ha sido ahorcado dos veces: primero por él mismo, porque era desdichado, a continuación por su leyenda, que ayuda a algunos a vivir. Nadie puede escribir sobre la verdadera desdicha, ni sobre ciertas dichas, y no voy a intentarlo yo aquí. Pero, por lo que se refiere a la leyenda, se la puede relatar, e imaginar, al menos durante un minuto, que ha sido disipada.