El verano
El verano Un escritor escribe en gran parte para ser leído (admiremos a quienes dicen lo contrario, pero no los creamos). Sin embargo, en nuestro país, escribe cada vez más para alcanzar esa última consagración que consiste en no ser leído. En efecto, a partir del momento en el que puede proporcionar materia para un artículo pintoresco en nuestra prensa de gran tirada, tiene todas las posibilidades de ser conocido por un número suficientemente grande de personas que no lo leerán nunca, porque les bastará con conocer su nombre y con leer lo que se escriba sobre él. En adelante, será conocido (y olvidado) no por lo que es, sino por la imagen que un periodista apresurado haya dado de él. Así que ya no es indispensable escribir libros para hacerse un nombre en el mundo de las letras. Basta con que corra la voz de que se ha hecho uno del que ha hablado la prensa vespertina y sobre el que se podrá dormir en adelante.