La peste

La peste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Rieux intervino y dijo a Cottard que comprendía su inquietud pero que probablemente todo se arreglaría.

—¡Oh!, por el momento ya sé que no tengo nada que temer.

—Ya veo —dijo Tarrou— que no entrará usted en nuestros equipos.

Él, que daba vueltas al sombrero entre las manos, lanzó a Tarrou una mirada indecisa:

—No deben quererme mal por eso.

—Claro que no. Pero procure usted, por lo menos —dijo Tarrou—, no propagar voluntariamente el microbio.

Cottard protestó y dijo que él no había deseado la peste, que la peste había venido porque sí, y que no era culpa suya si le servía para solucionar sus conflictos por el momento.

Cuando Rambert llegaba a la puerta, Cottard añadía con voz enérgica:

—Por lo demás, mi idea es que no conseguirán ustedes nada.

Cottard también ignoraba la dirección de González, pero dijo que podían volver al café del primer día. Quedaron citados para el día siguiente. Rieux dijo que no dejasen de informarle de la marcha del asunto y Rambert los invitó, a él y a Tarrou, para fines de la semana a cualquier hora de la noche, en su cuarto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker