La peste
La peste Por la mañana, Cottard y Rambert fueron al café y dejaron un recado para García, citándolo para la tarde o, si estaba ocupado, para el día siguiente. Por la tarde lo esperaron en vano. Al día siguiente García acudió. Escuchó en silencio la historia de Rambert. Él no estaba al corriente pero sabía que había barrios enteros custodiados durante veinticuatro horas para efectuar comprobaciones domiciliarias. Era muy probable que ni González ni los muchachos hubieran podido franquear las barreras. Pero todo lo que él podía hacer era volver a ponerles en relación con Raúl. Naturalmente, esto no podía ser hasta dos días después.
—Ya veo —dijo Rambert—, hay que volver a empezar.
A los dos días, en la esquina de una calle, Raúl confirmó la hipótesis de García: los barrios bajos estaban custodiados. Había que volver a tomar contacto con González. Dos días después, Rambert almorzaba con el jugador de fútbol.
—Qué tontería —decía éste—, debíamos haber dejado convenido el modo de volvernos a encontrar.
Esta era también la opinión de Rambert.
—Mañana por la mañana iremos a casa de los chicos y procuraremos arreglarlo todo.